Publicado en: Hoy Digital

Autor: Doctora Lenisse Candelario. Médico familiar atención primaria Hospital General Plaza de la Salud.

La diabetes mellitus, constituye una de las entidades más complejas en la relación del binomio salud-enfermedad, y es que permea aspectos que van más allá de las alteraciones físicas y sus complicaciones. La diabetes es, por mucho, un trastorno que implica distintos aspectos de la vida del individuo como ente familiar y biopsicosocial.

La diabetes mellitus consiste en un trastorno en el metabolismo de los azúcares, atendiendo a la génesis, se divide en dos tipos:

Diabetes mellitus tipo 1: En este caso la producción de insulina es pobre (y por tanto no satisface la demanda orgánica), o de poca calidad, lo cual la hace subfuncional, por tanto el paciente se mantiene en estado hiperglicémico y necesita la administración de insulina para la regulación del mismo.

Diabetes mellitus tipo 2: Para que aparezca esta enfermedad es necesaria la interacción de múltiples factores: genéticos, ambientales y biológicos, que al encontrarse ocasionan una degradación paulatina y constante de la función pancreática (glándula productora de insulina), que poco a poco se vuelve incapaz de responder a la demanda orgánica. Existen diversas opciones farmacológicas para esta enfermedad, que comprende tanto medicamentos orales como subcutáneos, incluyendo la insulina o algún homólogo sintético.

El paciente diabético pocas veces se entera de lo que sucede en su interior: degradación continua de las células beta pancreáticas (productoras de insulina) y un estado hiperglucémico (aumento de la glucosa), que se traduce en daño microvascular y que implica retinopatía diabética, alveolitis, periodontitis, gingivitis, gastroparesia diabética, nefropatía diabética, dislipidemia mixta (trastorno en el metabolismo de las grasas) neuropatía diabética y pie diabético, además del daño macrovascular que constituye un factor importante para riesgo cardiovascular.

Sin embargo, el paciente sí es consciente de manifestaciones tangibles como consecuencia de las alteraciones ya mencionadas, disminución progresiva de la agudeza visual que puede terminar en ceguera, dolor y sangrado en las encías, que en ocasiones podría implicar perdida de piezas dentarias, dolor estomacal y trastornos en la absorción de los alimentos y del movimiento intestinal, daño renal, que puede llegar hasta insuficiencia renal y con ella a terapia de sustitución renal (diálisis), calambres, dolor y sensación de descargas eléctricas en las extremidades, así como úlceras y amputaciones progresivas de los pies, por déficit en el proceso de la cicatrización producto de la falta de irrigación sanguínea. Es un paciente que se siente agotado, cansado, incluso con actividades que en algún momento fueron parte de su cotidianidad.

Este tipo de paciente presenta cambios de humor bruscos y frecuentes, hecho que dificulta la convivencia y la dinámica familiar, además las limitaciones en la dieta, los cambios de estilo de vida sugeridos por el facultativo, que acepta de forma consciente y decidida, pero el tiempo va pasando y esta enfermedad, lejos de desaparecer, se convierte en su compañera más fiel, en su consultora de primera línea, ya que determinará en gran manera lo que se puede y no se puede hacer.

Las herramientas del diabético

La diabetes afecta directamente el sistema inmunológico del paciente, por tanto siempre se considerara inmunocomprometido, esto lo hace susceptible a padecer de enfermedades oportunistas.

Hace algunos años, y a raíz del surgimiento del médico familiar y posteriormente el empoderamiento de este personaje estratégico y fundamental en lograr un país más sano (no menos enfermo) se ha venido desarrollando una ardua labor en la educación de la población y un crecimiento en materia de conocimiento y radio de impacto de la medicina preventiva. Aún nos falta mucho por hacer, pero no podemos dejar de aplaudir esta labor y reconocer que aunque podemos y vamos a hacerlo mejor, lo estamos haciendo bien.

Es en ese sentido que quiero contextualizar las intervenciones oportuna en materia de prevención del paciente diabético, que si bien es cierto que comprende cambios saludables en el estilo de vida, también lo es que debemos garantizar que ese paciente sea inmunocompetente.

Las vacunas en el paciente adulto y adulto mayor son temas vírgenes aun en lo que respecta al conocimiento de la población en general en materia de prevención, pero el hecho de que sea abordado con poca frecuencia y muy tímidamente tanto en las prácticas diarias de ejercicio médico como en foros y escenarios de impacto público y social, no significa que no tengan un peso trascendental e invaluable en la atención médica; muy por el contrario, las infecciones de vías respiratorias constituyen una de las principales causas de morbilidad (traslado e ingresos a centros de salud) y mortalidad (causa de muerte) del adulto mayor, y tanto más, en quienes padecen diabetes, que tienen una defensa orgánica muy pobre. Por eso, es de vital importancia que se contemple la vacunación del paciente para prevención de gripe e influenza. Las vacunas están disponibles ya en varios centros de vacunación de nuestro país y son un recurso que puede tener gran impacto en las recaídas del paciente, así como en su estado constitucional de salud.

Los abuelos son una fuente inagotable de cariño y esa fuente se nutre a su vez de la inocencia y el calor de sus nietos; sin embargo, son los extremos de la vida los momentos de mayor riesgo y agresividad de las enfermedades.
Recientemente, en escenarios científicos discutíamos sobre el impacto positivo que se ha logrado con la regularización de la vacuna para prevención de influenza y neumococo en los niños, y es que ese contacto fue por mucho tiempo un riesgo para el abuelo, que no estaba inmunizado y que se veía expuesto tras la interacción, de modo que si los niños están vacunados, ya no constituyen un riesgo para el geronte.

Basados en esa experiencia es que queremos hacer énfasis especial en la necesidad de ofertar la cobertura del adulto mayor.