Lumbalgia en embarazadas

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Publicado en: Hoy Digital
Autora: Dra. Marisol Touriñan, Gerente de Medicina Física y Rehabilitación del Hospital General de la Plaza de la Salud.

Durante el embarazo la mujer sufre multitud de cambios, los cuales afectan numerosas estructuras tanto físicas como psicológicas.

A nivel muscular, la relajación de la musculatura abdominal permite el correcto crecimiento del útero, pero produce una congestión a nivel pélvico, que puede dar lugar a un conflicto de espacio y a la consiguiente compresión de las raíces nerviosas. El aumento de la lordosis lumbar provoca la hipertonía de la musculatura de la zona.

A nivel osteoarticular, la mayor secreción de relaxina, que favorece a la laxitud ligamentosa, provoca un aumento de la lordosis (curvatura de la columna) lumbar. La anteversión pélvica, horizontalización sacra y la horizontalización de las costillas, unido al aumento de curvas y de peso produce una sobrecarga en la cara anterior de los cuerpos vertebrales, favorece la presión en la porción posterior de los discos intervertebrales, presionando el ligamento vertebral común posterior, por lo que se pueden formar protrusiones, hernias discales y, en primer lugar, lumbalgias.

En este artículo, queremos centrar nuestra atención en los cambios físicos y, en concreto, en el efecto negativo, que a nivel lumbar provoca la conocida “lumbalgia de la embarazada” y que abordaremos a nivel rehabilitador.

El desplazamiento del centro de gravedad hacia delante como consecuencia del progresivo crecimiento del abdomen, las mamas y el aumento de tensión a los que son sometidos músculos y ligamentos, debido a la posición forzada que adopta la embarazada, son los responsables del dolor. Producen hiperlordosis lumbar, lo que se traduce en un fuerte dolor de espalda durante alguna de las etapas del embarazo.

La espalda de la embarazada va experimentando en los últimos meses de gestación una adaptación progresiva a su nuevo estado, esta curvatura en la zona baja de la espalda desaparecerá tras el parto.

La mayor parte del peso ganado por la embarazada está concentrado en la parte inferior de la pelvis junto con el aumento de volumen abdominal, y esto produce una tendencia a inclinar el cuerpo hacia delante, lo que la embarazada tiende a compensar inconscientemente con una posición hacia atrás de la parte superior del cuerpo por sobre la pelvis, para restaurar su centro de gravedad, pero al hacerlo aumenta la lordosis (curvatura) del segmento lumbar.

Es vital aprender a orientar adecuadamente el cuerpo y lo idóneo sería aprenderlo antes del embarazo para evitar molestias. Los ejercicios físicos con fines profilácticos y terapéuticos consiguen un rápido y completo restablecimiento de la salud, la reinserción laboral y la prevención de consecuencias mayores, como el cuadro agudo y el reposo absoluto.

La estrategia pedagógica más apropiada para respaldar ese aprendizaje y realizar el tratamiento es la fisioterapia. Se recomienda ejercitarse de forma continua para evitar las patologías subsecuentes en esta etapa de la vida.

Entre los tratamientos están la masoterapia, la termoterapia, técnica neuromuscular, tratamiento de puntos de gatillos del músculo piramidal, la técnica articulatoria para el hueso ilíaco y el estiramiento del cuadrado lumbar.

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